Mi primer día de trabajo
Ya estamos en verano, el tiempo está revuelto, hace calor y no paran de suceder cosas. Ayer
empecé mi trabajo como azafato de cruceros. Me levanté a las siete y media, desayuné me puse guapo y me fui a la parada de metro de Maria Cristina. El metro no tardó en llegar, así que a las nueves menos cuarto estaba en plaza Colón listo para coger el port bus. Llegué a la terminal B a las nueve y veinte y como tenía tiempo de sobras me fui a tomar algo con una chica a la que acababa de conocer. A eso de las diez menos cuarto nos llamaron para que nos pusieramos nuestras corbatas (azul, muy mona por cierto) y las chapas con nuestros nombres (tuve que esperar veinte minutos para que me la trajeran, había sequía de chapas), y finalmente a las diez empiezo mi primera jornada de trabajo. El puesto que me asignaron fue quedarme en posición "florero", como acostumbran a llamarlo, y decir "hola" y "buenos días", el ambiente era calmado mientras escuchaba cada cinco minutos los gorgoritos de la Caballé junto a Freddie Mercury entonando la canción de Barcelona. Pasaron muy pocos turistas hasta más o menos las doce. El coordinador llega corriendo diciéndonos que van a llegar tres autocares de golpe y que, por lo tanto, ocuparemos puestos más interesantes. Provisto de un "walkie", tuve que ir dirigiendo la última parte del check-in e ir diciendo los puestos que quedaban libres a una chica que se encontraba en la cola con todos los turistas que iban entrando a la terminal.
A las tres, ya cansado, con un dolor de piernas y espalda que estaban terminando conmigo, me tocó el turno de la comida. Mi bocadillo de Pan Bimbo estaba algo mojado por la botella que llevaba en la mochila, pero aún así me lo comí.
A las tres y media la terminal prácticamente estaba vacía y la encargada de dirigir toda la actividad de los cruceros me preguntó si iba a quedarme hasta las seis o hasta las cuatro, yo le dije que si me podía quedar hasta las cuatro y ella respondió que ningún problema. A las cuatro abandonaba la terminal a toda prisa para poder coger un tren a Vacarisses.
Viaje en tren
Diez minutos antes de la salida llego a Plaza Cataluña. Las gotas de sudor terminan con la poca gomina que me queda en el pelo. Compro el billete de tren con un billete de 20 euros, me devuelven todo monedas, y bajo al andén. El tren llega con retraso de unos dos minutos.
Comienza el trayecto, nunca he cogido esta línea de tren así que cuando veo que el tren para en Torre Baró empiezo a pensar que me he equivocado de línea. Por suerte al escuchar la parada de Cerdanyola del Vallés me quedo tranquilo. Paso Sabadell, Terrassa, un pueblo cuyo nombre no me acuerdo, y por fin llego a mi destino.
Fiesta con tiempo variado
La estación de Vacarisses es algo deprimente y los únicos seres humanos que puedo ver son un grupo de chicos sentados en unas escaleras fumando y comiendo pipas. De repente, mi salvación aparece en la esquina de la calle en forma del Ibiza negro de Marc. Durante el trayecto hasta la resi, Marc me explica que está su abuela y unos primos suyos que quieren conocerme.
Llegamos a la resi y, como nos pasa casi siempre no hay sitio para aparcar, finalmente dejamos el coche al lado de unos buzones negros. Entramos en la resi y en seguida veo caras conocidas, Víctor, Gemma y la madre y el padre de Marc (este último hablando con los jefes del pueblo: el alcalde, el médico y el cura). En seguida mi querido "amigo", me presenta a sus primos, muy simpáticos, y con los que pasaré la gran parte del tiempo. Más tarde conoceré a Esther y Ángel, dos EX compañeros del Casino de Marc.
El tiempo no acompaña, a los diez minutos de llegar comienzan a caer unos goterones gigantes y los que nos podemos mover (hay abuelitos que no) entramos rápidamente a la sala principal de la resi. Diez minutos después la operación inversa, ha dejado de llover, todos a fuera. Para terminar la fiesta termina también con lluvia.
Destacar las actuaciones: una banda de gente de más de 50 con unos ligeros desafinos y un grupo principiante de sevillanas.
lo mejor: Marc, los niños y el fútbol, combinación algo complicada y que termina con lloros y patadas en zonas reservadas.
lo peor: que llegara un poco tarde
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