PRÓLOGO
Hacia tiempo que no entraba aquí. Podría poner alguna excusa razonable pero no sería verdad. La realidad es que cada vez que he empezado a escribir una nueva entrada he llegado a la media línea o incluso menos. Me bloqueo, la cabeza se me va y dejo de escribir. Empiezo a pensar en el motivo por el que estoy escribiendo, ¿para divertirme?, ¿expresar las anécdotas que me han pasado?. Otro dilema que invade mi cabeza es pensar en las personas que van a leer lo que he escrito, porque hasta la fecha no han sido muchas. Tristemente me imagino de aquí unos meses escribiendo este blog para mi, convirtiéndose en algo así como mi diario de Bridget Jones (con algunos kilos menos), sin grandes promesas como adelgazar, dejar de fumar o de beber, en fin, cosas que saltan a la vista que nadie va a cumplir. A diferencia de Bridget Jones yo ya tengo a mi Mark Darcy, puede que no sea abogado y que no se pueda comparar a Colin Firth, pero a mi esas cosas no me importan, le quiero como es.
EL ORIGEN DEL MAL
Yo no conocí al hombre de mi vida en una fiesta en casa de mis padres, por la sencilla razón de que mis padres nunca han dado una fiesta en su casa. Nuestro primer encuentro puede tacharse de sencillo y aburrido.
Era un seis de diciembre lluvioso, en una pizzeria de Travessera de Gràcia mis padres, mis dos hermanos y un servidor comíamos con extrema finura, utilizando el arte del cuchillo y el tenedor, las pizzas que tan bien consideradas estaban. Dentro de mi gabardina el móvil tenía puesto el modo de vibración, el motivo era simple, después de comer había quedado con "mis amigos de la uni" a los que, mira tu por donde, nunca había visto cara a cara, solamente había podido ver sus caras y sus cuerpos por la pequeña web cam y escuchar una voz no muy clara por mi teléfono. Para no hacerles esperar, y dado que ya no me quedaba saldo, habíamos acordado que me hicieran llamadas cada cuarto de hora para ver si ya había terminado la comida.
A las tres y media me despedí de mis padres y me puse en camino hacia el punto de encuentro. Mis zapatos chapoteaban alegremente con los charcos que se habían generado en el asfalto cuando una vibraciónn hizo llevarme la mano izquierda al bolsillo, sacar el teléfono y ponerlo a la altura del oído. Una voz a la que no me había acostumbrado me saludó cordialmente y me preguntó donde estaba, respondí que ya había terminado la comida y que ya podía venir a buscarme, la persona en cuestión me dijo que en unos diez minutos estaría allá, que recordara que tenía un Ibiza negro.
Como tenía unos minutos antes de que llegara decidí dar una vuelta por el barrio de Gracia, pues nunca había ido por allí.
Las ventanas de las casas estaban cerradas y no había un alma en la calle, aunque iba abrigado hasta el cuello tenía frío, por debajo del jersey de lana unos latidos que habían ido aumentando en los últimos minutos delataban mis nervios, todavía no estaba acostumbrado a conocer gente con la que había hablado por Internet.
Volvía a Gala Placidia sin haber visto el Ibiza negro. Eran ya las cuatro menos diez y empezaba el tramo de la calle Balmes cuando un coche negro me adelantó y se detuvo unos metros delante de mi. Aceleré el paso, abrí la puerta y entré.
Un chico de unos veintisiete años con barba de dos días y vestido con un chandal azulado me miraba sentado desde el asiento del conductor. Sus ojos de un color marrón oscuro intenso me tranquilizaron parcialmente, el ambiente antes hostil comenzó a normalizarse.
- No eres tan guapo como en la cam- me sentí frustrado, normalmente la gente me decía que era muy mono, no lo que me acababa de decir ese tío.
- Y tienes algún problema?- repliqué para pedir una respuesta.
- Eres más alto de lo que esperaba y tu nariz es muy grande- ya estamos, que problema había con mi nariz?, ya sabía que era muy grande pero podía ahorrarse el comentario. Dejando la conversación el coche arrancó y me encontré recorriendo las calles del ensanche de Barcelona con mi nuevo compañero. La conversación que iniciamos fue muy variada, desde compositores de música clásica hasta las ventajas y desventajas de vivir con tus amigos.

Aparcamos en una calle perpendicular a la calle Lepanto, justo en frente del auditori, nos apeamos y caminamos hasta llegar a un pequeño portal, entramos. La portería era muy antigua y tremendamente descuidada, frente a nosotros una gran escalera llevaba a los pisos superiores, al alzar la cabeza me di cuenta de que cada piso tenía una barandilla que dejaba entrever un pequeño pasillo entre escalera y escalera, como fondo una pared llena de ventanas.
Iniciamos el ascenso, los peldaños eran muy desiguales y algunos de ellos estaban rotos, según tenía entendido era un primero, pero tenía que contar con el entresuelo y el bajo. Cuando mis piernas empezaron a quejarse la palabra desgastada primero se déjó ver en el techo del pasillo.
Mi guía se situó a la derecha de la escalera, buscó la llave correcta en el llavero y abrió la puerta. Lo primero con lo que me encontré fue con un pasillo bien iluminado, con las paredes de un color crema suave. Un olor procedente de la cocina me llevó a pensar que alguien estaba haciéndose la comida. Giramos a la izquierda y entramos en un pequeño salón amueblado con una mesa, cuatro sillas y una televisión en un mueble bajo. Frente a mi un sofá de dos plazas, de un color azul y escondida detrás de este una mesa guardaba una pequeña jaula verde con barrotes blancos, no pude ver que animal era el que vivía en esa jaula.
Continuamos en dirección a una habitación conectada con el salón por una puerta blanca, dentro de esta segunda habitación había un armario bastante grande, una cama mucho más grande que la mía con una colcha de color rojo y un ordenador de mesa entre la cama y la pared emitía pequeños sonidos casi imperceptibles. Me quité la gabardina y la bufanda dejándola en una silla cercana a la puerta.
La persona a la que acababa de conocer cerró la puerta y se sentó en la cama. Me invitó a que hiciera lo mismo.
- Por cierto me llamo Marc.
- Ya me acordaba de tu nombre - mentí yo. Soy tremendamente malo con los nombres. Estaba nervioso así que busqué algo para tirar la pelota a su campo y desviar mi supuesto protagonismo, me encontraba en un lugar que no conocía, con una persona a la que tampoco conocía, en esa habitación yo era el extraño. Se me ocurrió preguntarle que música le gustaba, Marc encendió la pantalla del ordenador y abrió un programa reproductor de música que nunca había visto, me confesó que era un gran fan de Queen (grupo que no conocía hasta ese momento).
El escape de la música se agotó en un par de minutos así que volví a la sensación inicial. Algo de aquel hombre me producía una gran atracción, no sabía que era pero algo me pasaba, la luz oscura reflejaba las facciones de su cara mostrando una gran belleza y los ojos, esos ojos que todavía se afanaban por calmar mis ya escasos nervios.
No recuerdo de lo poco que hablamos antes de pasar al ámbito sentimental. Me explicó que lo había dejado con su pareja unas semanas antes y que no había tenido nada con nadie desde entonces. Amontonando pequeñas fuerzas, algo impropias de mi, decidí preguntarle:
- ¿Tú que exactamente que quieres que yo sea para ti?- como si fuera la pregunta más normal del mundo. Llevaba charlando con Marc intermitentemente desde hacía quizás dos años por internet, sabía que me consideraba una persona atractiva, pensamiento en el que yo difería bastante de, y podía intuir que quizás habría una mínima posibilidad de tener algo con él, pero dado que soy una persona introvertida no se lo iba a decir de buenas a primeras. El día anterior habíamos hablado por messenger y me había cansado de repetirle hasta la saciedad que solo le quería como amigoo, ahora toda esta visión caía a pedazos y empezaba a surgir la idea de un "algo más".
- Pues tu querías que fueramos solo amigos- gracias, me volvía a responder con las mismas palabras que le había dicho el día anterior- ¿Quieres que seamos solo amigos?.
-No- respondí.
Se me quedó mirando con cierta sensación de sorpresa
- ¿Pero no me dijiste que querías que fueramos solo amigos?
- mentí.
EPÍLOGO
Parece mentira que lo que significan dos simples letras, abren nuevas puertas, reciben nuevas personas en tu vida. Algunas personas antes que Marc habían dicho que no querían nada conmigo. Ahora, sin embargo, me encontraba con alguien que sí quería estar conmigo. Marc es, ha sido y será la persona más importante en mi vida, me ha ayudado a encontrarme conmigo mismo y a hacer cosas que antes nunca había hecho, descubrir que hay cosas buenas aunque otros las pinten malas pero sobre todo, a aceptarme a mi mismo.
También fue el que me aconsejó empezar a escribir este blog, y aunque empecé con buen pie lo he ido dejando de lado. Quizás no sea porque no haya cosas que contar, quizás hay demasiadas cosas que contar.
1 comentario:
Bonita historia. Me gusta como está escrita... aunque algunas cosas te las inventas un poco!jaja. Te recuerdo que la cosa fue: "estás resfriado?"; "si, por?"; "entonces no puedes besar, no?";"no debería. Porqué? quieres besarme?"; "NO"; "estás siendo sincero?"; "NO". En todo caso, está muy bien escrito, aunque una de las veces me llames MAC! Te quiero enano.
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