sábado, 7 de junio de 2008

Un gran cúmulo de cosas

Ya estamos en exámenes, o para ser más precisos, nos encontramos en la mitad de exámenes, el miércoles hice "teoría de la imagen" y ayer "análisis fílmico", creo que me han ido bien, aunque tendré que esperar a que los profesores tengan el examen corregido. Además mi hermano ya ha llegado de Irlanda y hacemos muchas cosas juntos, hoy como mi padre no está en casa hemos hecho una maratón de "Mujeres desesperadas", con palomitas y botellas de agua a juego. La verdad es que añoraba estos momentos, ya que antes cuando tenía problemas nunca lo hacíamos, creo que es un paso adelante en mi relación con él, relación por otro lado deteriorada con el paso del tiempo y por otras causas. Antes de haber hecho esta gran maratón hemos ido al colegio para asistir a la tradicional cena anual de coro, donde a los cinco minutos ya no sabía con quien estar, parece mentira, pero necesito otro yo en el coro para poder pasar el rato. He podido comer mucho (sobre todo fuet, que estaba bien cortadito) y una tarta de manzana buenísima de postre.
Aún así, esto no es el tema central de esta entrada. La rutina a veces es incomparable con los sentimientos de una misma persona. Sentimientos que afloran en unos determinados momentos, y que algunos (como yo), cometemos el error de no saber aparcar tan fácilmente.
El tema central es que me voy dando cuenta poco a poco de que aunque solo haya tenido ligeros royos con personas que luego ni se acuerdan de mi y que solo piensan en una cosa, estos me han cambiado como persona, y sobre todo en la manera de comunicarme.
Una de las cosas que me decía Marc hace tiempo es que parecía que no le quería tanto como decía, y no es que no fuera así, sino más bien que me reprimo dentro de mi las cosas que le tendría que decir, y esto es resultado de decir cosas demasiado bonitas a personas que no se las merecían y que quizás no las consideraron, me siento mal cuando parece que por fin encuentro a una persona con la que puedo hablar libremente y que yo por mi parte no sea capaz de decirle todas las cosas que pienso, porque es muy fuerte, pero es así.
Antes era un niño sensible que siempre andaba diciendo cosas bonitas hasta que llegó un día en el que le dijo cosas bonitas a una persona y esa persona se pasó esas cosas bonitas por el forro. Quizás desde ese momento ahora vivo con esta especie de represión, porque decir cosas como "eres lo que da sentido a mi vida" o "eres lo mejor que me ha pasado en mi vida" se convirtieron en frases que mi cabeza va repitiendo pero que no encuentran una salida, simplemente se quedan en mi cabeza, encerradas, incapaces de valerse por si mismas y ponerse en boca de alguien.
Me he dado cuenta de que no solo me afecta a mi, sino que a los demás también, porque creo que los demás tendrían que merecer escuchar esas palabras, no esperarlas sin que nunca lleguen.