lunes, 22 de agosto de 2011

Lunes 22 de Agosto de 2011

A menos de un mes de empezar las clases otra vez sigo de vacaciones. Con un calor de mil demonios que dicen que durará toda la semana estoy ahora mismo con las persianas bajadas y con el aire acondicionado funcionando a pleno rendimiento. 
 Parece mentira como está el tiempo, hemos pasado un verano tremendamente atípico, con unos cambios de temperaturas bastante preocupantes, al final será que sí que existe el calentamiento global.
 Hay algo que me preocupa: mi falta de ambición. El continuar estudiando es en parte una rectificación, un cambio de rumbo en mi orientación de la que será mi vida profesional adulta. Pero aunque quiero ponerme a trabajar al mismo que tiempo que estudio una nueva carrera, me da miedo. Un miedo, creo, fruto de una inseguridad que, si investigo un poco y si analizo el ambiente familiar en el que me he criado, parece común. 
 Creo que mi falta de ambición afecta en que no tenga un proyecto de vida profesional, un sueño, o un camino que seguir, y eso es bastante triste, porque  cuando era más pequeño sí que lo tenía, pero parece que a medida que iba progresando en la carrera que he estudiado esa ambición se iba diluyendo, hasta prácticamente desaparecer. He terminado siendo una persona que se deja llevar por la corriente, pero que tiene tremendas dificultades para tomar la iniciativa.
 De todas maneras esa naturaleza que parece que heredado no debería ser determinante, o por lo menos debería intentar cambiarlo. Pero es complicado. Envidio a la gente que se apunta a todo, es capaz de trabajar de todo y aún así no le preocupa lo más mínimo que pueda cagarla alguna vez. Les envidio porque soy de aquellas personas que siempre se van preocupando por todo, que intenta analizar siempre todos los factores que pueden afectar a una toma de decisiones, y de hecho tiendo a hacer más grandes los problemas, cosa que los hace más difícil de resolver.

 Algo que ya suponía pero que parece hacerse cada vez más evidente es que mis padres no me aceptan como soy, no me aceptan y probablemente nunca me aceptarán. Y eso es triste. Es inevitable comparar tu situación con la de otras personas, por si inevitablemente aparece alguien en tu misma situación, o incluso peor, porque eso incomprensiblemente nos reconforta, nos reconforta saber que hay alguien en nuestra misma situación que se siente peor que nosotros para que nosotros mismos nos podamos sentir mejor. 
 El otro día, por ejemplo, fuimos a casa de unos amigos a la Costa Brava. La amiga de mis padres que muchos podrían considerar "hippie" me preguntó que tal la situación con mis padres, yo le dije que bueno, no se hablaba mucho del tema pero que yo ya prefería eso, que no cambiara, y su respuesta fue, que a mis padres les estaba costando mucho aceptarlo, pero que en las mejores familias podían pasar estas cosas.
 Una respuesta que me dejó algo desencajado. Que una persona califique la homosexualidad como un problema que pasa incluso en las mejores familias creo que demuestra un menosprecio por la persona que es homosexual. Añadiendo a esto que mi familia no se puede considerar, ni de lejos, como una buena familia.
 Mi hermano, que parece guardar todos los comentarios que hacen mis padres sobre mi en una pequeña caja que solo abre cuando yo aparezco por casa, me puso al día de todos los comentarios. Parece que mis padres ahora sienten cierta disconformidad con que yo lleve la ropa que me regala  mi novio y la familia de mi novio. Curiosamente tengo que admitir que la ropa que más me gusta es la que me regalan mi novio y su familia.
 Estas cosas ya no me sacan de quicio como antes, ya me he acostumbrado a este tipo de comentarios, sobre todo porque no los hacen estando yo delante, sino que los dicen cuando no estoy yo para que no me pueda enterar, pero lo que no sé si saben es que siempre me acabo enterando.
 Es muy triste que las personas tengan que tener dos imágenes y ocultar una a sus propios hijos para "parecer" que les quieren. Es natural proyectar ilusiones sobre el futuro de tus hijos, pero cuando se toman decisiones que salen de ese camino esa ilusión debería desaparecer. De lo contrario ocurre lo que pasa con mis padres cuando les pillas en un mal día, que te sueltan que lo que tú deberías hacer sería casarte con una buena chica y estudiar algo de provecho y dejarte de gilipolleces.

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