sábado, 14 de abril de 2012

Esta semana no ha sido la mejor de mi vida, de hecho creo que ha sido una de las peores, no porque no haya acabado bien, sino por la cantidad de giros, cambios y pino puentes que ha tenido mi humor. Intento controlarme y no convertirme en un hombre veleta, que cambia de humor en función de la dirección del viento. Pero cuando alguien entra en tu vida de una manera tan extrema se generan toda una serie de emociones y sentimientos desbocados, que en algunos casos pueden ser muy perjudiciales sino se tratan de la manera debida.
 Es interesante ver como hay personas que necesitan dos días para poner tu mundo patas arriba, sin la intención, claro está. Pero a ti te puede costar mucho tiempo enderezarte y poner los pies otra vez en tierra firme.
 Esto me demuestra que por muy fuerte que me crea, la verdad es que no soy la mitad de fuerte de lo que me gustaría, pero como persona puede que haya progresado más en esta semana que en un par de meses juntos, y esto se lo agradezco a cuatro personas: dos amigos, un muy especial amigo y a la persona con la que llevo compartiendo mi vida durante cinco años (casi cinco años y medio).
 Nunca he tenido amigos, de hecho la poca gente que he considerado amiga hasta hace un par de años ha pasado de mi olímpicamente o no ha sabido aceptarme tal y como soy por culpa de una condición que hoy en día la mayoría de gente acepta, pero bueno, esto es cosa de cada uno, si son incapaces de aceptarme tal y como soy creo que no me merecen.
 Conocer a Pablo cambia la vida, rompe los esquemas de gran parte de una vida. Entra con tanta fuerza que te despoja, te deja desnudo (en sentido metafórico) y deja tu mundo cual gato panza arriba, moviendo las patas en un vano esfuerzo por volver a alcanzar tierra firme. Los sentimientos se suceden, se abre la puerta de lo que puede ser el amor, un amor que se plantea no a dos bandas, implicaría jugar no al 50%, sino al 33,3%. Quien me diría que hace 6 años se me iba a plantear este dilema, cuando en estética religiosa se planteaba la homosexualidad como algo malo, como algo pecaminoso. De las relaciones a tres entre hombres ya ni hablemos, ocupa el rincón más oscuro de ese baúl enorme de prejuicios de la moral cristiana.
 Cuando eres pequeño y te enseñan que Dios te quiere, nos quiere a todos por igual, independientemente de tu raza, la condición sexual, por extraño que parezca, no aparece, se evita. Curiosamente cuando tengo la sensación de que más gente me quiere más cerca me siento de Dios, porque como dicen los curas (aunque luego se contradigan) Dios es amor.
 Estos  8 días (desde el viernes) creo que ni Marc, ni Pablo ni yo lo hayamos pasado bien, hemos puesto en tela de juicio  muchas cosas, nos hemos cuestionado muchas cosas, pero creo que lo que nos hace nobles a los 3 es que hemos sabido tirar hacia adelante, tomar decisiones arriesgadas, pero seguir adelante al fin y al cabo.Una vez que hago revisión de lo que ha sido esta semana me doy cuenta de que he perdido un amor difícilmente correspondido por las concepciones sociales, pero me siento que he ganado un amigo, un amigo que me ha desmotrado que me quiere como tal y que me ha dado mucho cariño, y hoy cuando lo hemos dejado en su casa, por unos minutos me he sentido pleno, pleno de una alegría que hacia mucho tiempo que no sentía. Guardo recuerdos muy bonitos de hoy y ayer que me llenan de esperanza, que me dan el impulso para pensar que todo saldrá bien, que lo conseguiremos. Que podremos romper las barreras del rencor, que sabremos perdonar y seguir adelante juntos.
 Mientras escribo a mi lado un pequeño animalito de apenas 40 cm duerme en un montón de heno, es curioso, da tanta paz. Nunca había visto a Sheldon dormir, a veces mueve sus patitas como si estuviera soñando. Quizás sueña con verdes campos y montañas de hierba que comer.
 Y mientras yo hago revisión de unos días de gran intensidad emocional, una batalla ha terminado, ahora se abre una nueva etapa, ¿Qué ocurrirá? Ni yo lo puedo aventurar, lo único que sé es que será mejor que la anterior, como todo en la vida.

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