sábado, 3 de diciembre de 2011

Hoy hace una semana. El viernes de la semana pasada cuatro cabronas toca cojones se despidieron de su residencia habitual. Hablo de mis muelas del juicio. 
 Estos últimos meses había notado algunos dolores bastante molestos que me impedían comer con normalidad, así que decidí ir al maxilofacial para que me quitara las muelas. Un gran tipo, todo hay que decirlo. No todos los maxilofaciales hacen una operación de extracción de muelas comentándola como si fuera un partido del Barça, primero llegó el 1 a 0, luego el 2 a 0, el 3 a 0, y cuando llegamos a la cuarta tuvimos ciertos problemas, pero al final lo conseguimos, 4 a 0, unas gasas en los socavones y unos minutos medio sobado en la silla viendo la ciudad de Barcelona. 
 Aunque los médicos recomiendan ir acompañado a una operación de estas características a mi me tocó ir solo. ¿Motivo?, mi madre tenía una importante reunión en una pastelería cercana a la clínica, quien dice reunión puede decir desayuno con amigas, como de momento no lo sé no emitiré ninguna opinión sobre su decisión, ahora, si hubiera sido yo, hubiera acompañado a mi madre, padre, hermano, abuelo o abuela a la operación para hacerle compañía y darle apoyo moral. En mi caso el apoyo moral me vino dado por un exprofesor  y actualmente amigo que me dio conversación mientras esperaba en la salita. 
 Una vez terminado el partido, tuve que esperarme media hora a que mi madre llegara para llevarme a casa, ya que se olvidó de donde estaba la clínica y estuvo un buen rato dando vueltas (nota: mi madre ha ido a esa clínica muchísimas veces). 
 Durante estos días he experimentado muchísima sensaciones nuevas: el sabor que tienen las gasas estériles, notar como supura algo dentro de la boca (hasta el punto de parecer un perro con rabia), pasarte el día comiendo purés y teniendo la extraña sensación de que toda la comida que justamente no puedes comer te llama para que te la metas en la boca. El único aspecto positivo ha sido poder comer helado y ponerte hasta el culo.
 Ahora los socavones están prácticamente cerrados y ya puedo comer normal, aunque me sigo medicando y sigo haciéndome los enjuagues. Pero puedo decir que lo he superado. Parece mentira como la naturaleza se ceba con el ser humano. Aquel que dijo en una ocasión que la naturaleza es sabia se lo tendría que hacer mirar, porque será para los demás, pero para el ser humano me da que no.
 Suerte de mi novio que me cuidó durante todo ese fin de semana y que me hizo compañía, porque probablemente en casa hubiera enloquecido.

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