Cada vez me convenzo más de que mi situación en casa me afecta en todos los sentidos. Me agobio con mucha facilidad, a veces me cuesta mucho dormir..., además me he dado cuenta de que aquella conversación con mi padre la semana pasada no es más que pura palabrería. Si ya me constaba de creer, ahora las palabras que salieron de la boca de mi padre caen por su propio peso. Dice que me quiere y que respeta mi trabajo, pero cuando tengo trabajo por las noches y tengo que ponerme en el ordenador me dice que soy un pesado, cuando le digo el motivo por el cual estoy en el ordenador me grita que me calle. Claro, si te paras a pensar en los antecedentes entiendes, o no, depende de quien sea, que mi padre esté de mala leche.
Ayer el antecedente era que había ido a la opera, y no le había gustado nada.
Como buen adulto maduro que dice ser tendría la capacidad de canalizar ese mal humor para no dejar que influyera en sus relaciones. Pero parece que ese proceso le cuesta mucho, lo que me cuesta entender es que primero me diga que él es maduro cuando después demuestra que no, bueno, seré yo, que tengo el SIDA, la hepatitis B y C y otras enfermedades que me terminarán matando. Por cierto, no sé si comenté que me mandaron hacer unas analíticas el otro día, pues bien, mi madre me ha entregado un sobre con nuevos análisis que me tengo que hacer, y, como no, en estos si figuran el VIH y las hepatitis. Vivan los mayores maduros que no saben ni distinguir una relación de un platano (miradlo en el mal sentido de la palabra).
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